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Sirviendo a la comunidad neopagana
Pisar el Camino
Por: Jangelort3 de Septiembre de 2003
La mayoría de los practicantes actuales del neopaganismo en sus diferentes vertientes, arrastran una formación cristiana principalmente católica. Es un hecho innegable. También es innegable que hayan buscado y encontrado un nuevo credo en el cual cultivar su espiritualidad, porque el anterior no ha sido capaz de sosegar los espíritus ni dar libertad al pensamiento.
Habiendo crecido dentro de un régimen religioso que siempre ha procurado más cantidad que calidad en su feligresía, los nuevos herejes se sumergen en una apostasía no expresada públicamente por la mayoría, pero que se manifiesta de muchas otras formas por la disposición con que abrazan su nueva fe.
La formación cristiana se inicia inculcando al niño desde los primeros años el temor a un Dios amoroso y a un Infierno terrible. La catequesis inculca conceptos “incuestionables” y el feligrés termina orientado para ser, ineludiblemente, una pieza más en una sofisticada Maquinaria Divina.
El concepto macho-monoteísta queda arraigado profundamente en la mentalidad del cristiano y así llegan los nuevos adeptos al neopaganismo; el choque cultural entre un credo monoteísta y la nueva creencia politeísta no deja de ser un impacto que al neófito adepto le cuesta superar. Algunos cultivan un sincretismo con el cual tratan de conciliar su decepción del cristianismo y su inconsciente aproximación a la herejía ya que aún no comprenden bien esta forma de religiosidad con la cual quieren involucrarse.
Ser neopagano implica tener coraje y aceptarse como apóstata o hereje, no necesariamente pregonándolo a los cuatro vientos, sino en la más intima expresión de su conciencia espiritual y ante el altar privado donde, como adepto, tendrá que luchar con su subconsciente, el cual puede hacerle muy malas jugadas por la formación cristiana que arrastra. Hay un camino largo, tortuoso y difícil para cualquier persona que deba estudiar, practicar, comprender y aceptar todos los nuevos conceptos cuando se ha decidido cambiar a esta religión.
La idea politeísta de una Diosa y un Dios es la más difícil de comprender y en muchos casos se interpreta como la necesaria manifestación física de una única Deidad, retornando así a la idea monoteísta que se arrastra, y el aprendiz, entonces, conceptúa una Deidad Suprema asexual: ni andrógina, ni macho, ni hembra.
La Diosa Triple es más asimilable dentro de esta religiosidad, puesto que de donde proviene el nuevo adepto ha visto una Trinidad cuajada de misterios y que al estudiar la tríada pagana le resulta mucho más comprensible debido al simbolismo de las fases lunares.
De donde se proviene basta con creer, aunque no se sepa y mucho menos se conozca. El neopagano siente la obligación de “conocer” para realizarse espiritualmente en su nueva religión.
Sin el debido conocimiento no hay ética y sin esta ética no hay pureza mágica. El neopagano se involucra en rituales personales o de grupo sabiendo que “vive” su espiritualidad y sintiendo que crece en su interiorioridad fortificando, de tal manera, su fe. Descubre que puede ser partícipe de lo sagrado y que no necesita de intermediarios para su relación con las Deidades. El neopagano descubre que la Verdad de su conocimiento proviene de la Revelación Inspirada antes que del razonamiento con todas las limitaciones que implica.
No deja de ser tentador para acercarse a esta nueva religión el tema de la magia, la cual debe ser vista prioritariamente como una herramienta para el crecimiento espiritual.
...Y es que el crecimiento espiritual de quienes cultivan este sendero no deja de lado el conocimiento de las fuerzas naturales y el más allá, porque allí radica el poder de las brujas y los brujos y su convicción de pisar el camino verdadero.
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