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De las cosas que enojan a un pagano
Por: Jangelort13 de julio de 2003
En mi andar por las calles de la vida conocí la encarnación de quien
ha sufrido los mismos hechos de aquella colección de frases que rueda
por la red, señalando las cosas que enojan a quienes caminamos este
sendero: Unibaldo, un joven pagano. Él me contó sus vicisitudes y yo,
con su autorización, se las cuento ahora a todos ustedes, mas o menos
como el me lo narró.
En cierta oportunidad un inesperado encuentro lo llevó a disfrutar la
frescura de unas cuantas cervezas en una tasca local y recordar
anécdotas de la época estudiantil. Lo inesperado hizo su aparición y
una pregunta brotó de aquellos labios que tanto deseó y que, tras
mucho luchar una vez alcanzara por breve tiempo, cuando cursaban el
último año de la secundaria.
-Dime una cosa, cariño: ¿Es cierto que ustedes los paganos adoran al
Demonio?
-¡Cómo se te ocurre tal cosa! ¡Nosotros no podemos adorar lo que no
existe.!.. ¡Y no argumentes que ésa es su mejor argucia para engañar
a los humanos!...
-¡Es que tu Dios tiene cuernos como el Demonio!
-Querida Lucrecia: Aquellos que censuran los cuernos de nuestro
Dios, deben saber que tales cumplen la misma función que los puestos
a Moisés, por Miguel Ángel!
-Pero... la verdadera religión - agregó otro- nació en el Medio
Oriente hace dos mil años.
- Entiéndanlo bien: la verdadera religión es la que se profesa con el
corazón, se siente en cada vivencia, no pesa sobre los hombros y
permite alcanzar la Revelación!... ¡Y no me fastidien más!
La fortuita reunión terminó un rato después y todos se despidieron;
cada quien regresó a su casa a temprana hora por que al día siguiente
había que trabajar. Unibaldo llegó a su vivienda disfrutando el
tintineo de las llaves en su diestra y su sonrisa se transformó al
mirar lo que sucedía en la mesa auxiliar de la cocina alrededor de la
cual sus sobrinos estaban, y acercándose a ellos les dijo con los
dientes apretados...
-¡Adorables sobrinitos: con mis cartas de Tarot no se juega "Carga la
Burra"!
Apretando los maseteros por su temperamento voluble al que con
dificultad ha ido domando, entra a su habitación con las cartas de
Tarot en la mano y no puede evitar soltar las riendas de su carácter.
-¿Quien metió sus manotas en mi altar? ¿Cuantas veces debo decir que
lo que está aquí no se toca?
-Fui yo tiíto –dice la dulce vocecita de su sobrinita predilecta,
mientras aparta la cortina y entra a la habitación-, es que barrí tu
cuarto y te organice las cosas para que todo luciera bonito!
-¡En este desorden yo tengo mi orden! –espetó y agregó para sí-
...¡Es que no hace caso! ¡Ahora debo comenzar de nuevo el novenario
cuando ya estaba terminándolo!
Pasan los días cargados de rutinario trabajo. Las horas nocturnas
brindan oportunidad para el estudio, la reflexión, la meditación y el
descanso. Otra hoja se desprende del calendario y... otras más...
Regresando de la faena cotidiana el hermano pagano entra a su
habitación pero... ¡oh, sorpresa!
-¡Vuelve el cántaro al agua! ¿Quién se atrevió a apagarme la vela
votiva...?
-Debió haber sido la brisa -dice una voz desde la habitación contigua.
El teléfono celular de Unibaldo le cosquillea en el muslo con su
vibración.
-¿Alóóó?... ¿Magali?... ¡Hola, primita!... ¡Bien... Bien! ¿Y a ti
como te ha ido?... ¡Me alegro!... ¿Cómo...? ¡No, mi amor!...
Olvídalo: Esas son joyas rituales y no te sirven... ¡Te las
llevaste!... Óyeme bien: Ya perdí la paciencia. Me traes mis joyas
rituales mañana tempranito o yo personalmente me encargaré de que no
vayas a esa fiesta y a otras muchas! ¿Está claro?
La noche transcurre iluminada por la luna llena mientras el sueño es
acariciado de vez en cuando por una ráfaga de brisa. Desde el patio
llega el canto de los grillos y el silbido de los sapitos de jardín
llamando una compañera. La respiración lenta y pesada, y uno que otro
ronquido, son indicio de un placentero descanso nocturno. El tic-tac
del reloj marca el paso inexorable del tiempo. El canto de un gallo
avisa la proximidad de la aurora. Solamente Unibaldo ha permanecido
insomne por la travesura de su prima. En su mente ha estado
revoloteando un pensamiento:
-Señora, Diosa de la Noche: enséñame la manera de intervenir el libre
albedrío sin hacer magia negra...!
Por fortuna es un fin de semana largo y podrá dormir durante el día,
una vez recuperadas las joyas.
Estos días de asueto son propicios para que algunos familiares
residentes en el interior del país vengan de visita. Con la hermana
de Unibaldo, también llegan cinco inquietos sobrinitos. El rebullicio
se arma en la casa. Hay saludos, abrazos, besos.... y llega también
Magali a devolver las joyas. Tras ella van los niños recién llegados
y entran a la habitación de Unibaldo. Mientras éste se dispone a
recibir las prendas, sus sobrinos se acercan al altar...
-...Tranquilos niños... ¡No toques eso...! No... No... No... Suelta
el cáliz!... ¡Con los fósforos no se juega!... ¡Por los dioses, que
no toquen mis herramientas que les alteran sus energías!... ¡Suelta
ese pentáculo!....
Pero Unibaldo no ha terminado de recibir la entrega que le hace
Magali cuando descubre a uno de los niños sentadito en el suelo
deshaciendo nudos de una cuerda.
-¡No sigas...! ¡No sigas...! ¡Dame mi cordón mágico!... -y grita en
el clímax de la desesperación- ¡Por favor: llévense a estos
muchachitos de aquí!
Al pagano no le queda otro remedio que levantar el altar y ponerlo a
buen resguardo y aplazar varias actividades espirituales que tenía
proyectadas. Le resultó un largo fin de semana y al fin llega la
despedida con más besos, abrazos e invitaciones mutuas. Unibaldo
respira profundo para descongestionarse de todas las tensiones
acumuladas...
Los días pasan a veces lento, a veces rápido... Unibaldo ha
reinstalado su altar, quitó la cortina que protegía su cuarto y montó
una puerta. Cuando cobre la próxima quincena podrá adquirir una
cerradura; de momento un simple pasador, a prudente altura, le
satisface.
Con un silbido de contento nuestro personaje regresa del trabajo y
muestra a su madre, que ve en la televisión su programa favorito, la
cerradura que pondrá en la puerta de su habitación. Momentos después,
con el semblante pálido, se acerca de nuevo a su progenitora para
decirle con voz pausada y profunda:
-Estoy seguro que hoy vino el incrédulo, pedante e irrespetuoso ése
del tío Tomás, ¿Verdad, mamá?
-¿Como lo sabes m'hijo? ¡Te dejó un muchos saludos!...
-¿Por qué lo dejaron entrar a mi cuarto?...-y agrega, como un bufido,
por el enojo- ¡Solamente él pudo atreverse a sacarle filo a mi athame!
-Pero m'hijito, no se me ponga así...
-¡Si no fuera por que respeto aquello de "no hacer daño" le dedicaría
un hechizo diarreico!...
Moraleja:
Unibaldo es un pagano.
Lleva su credo en el alma.
Las cosas que le han pasado
Han sido solo unas pruebas
Que le alteraron la calma.
Los chascos que lo enojaron
Que no te pasen a ti.
Si hacer quieres lo aprendido
No vas a tener problemas
Siendo tú más precavido.
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