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Un perro
Por: Jangelort11 de Junio de 2003
Desde que yo nací siempre hubo un perro en casa.
Hay familiares a quienes les desagrada que diga tal cosa y no entiendo la razón, puesto que les gustan los perros. Pero yo no digo ninguna mentira con ello, tanto es así que recuerdo, ya desde mi más remota infancia hasta el presente, haber jugado con Agárralo, Capitán, Milord, Beto, Pirata, Tapiramo, Marbella, Ícaro, Chiquilín, Quino y últimamente con alguien que se sale de tooo...dos los parámetros perrunos: Galo.
Amarillo y blanco. Pelambre corta. Largas orejas. Ojos azules que hacen honor a su nombre. Desobediente. Independiente. Manipulador. Llorón. Expresivo. Una voz que se la envidiaría Enrico Carusso. Juguetón y tosco.
Su “pedigrí” se lo tumbó la veterinaria al decirnos que los ojos azules eran “un salto atrás”... y ahora no sé que decir de él: ¿Sabueso? ¿Cazador? Realmente prefiero señalarlo como un “Pluto-Snoopi”. ¡Es de personalidad tan genuina...!
Siendo muy cachorro llegó a la casa traído por mi hija. Desde entonces ha sido consentido por todos, en mayor o menor medida. Tal vez eso sea el motivo por el cual su personalidad se identificó tanto con nuestra idiosincrasia familiar.
Siempre ha sido alegre y juguetón. Si mi esposa barre el patio, él quiere jugar con la escoba. Si yo voy a lavar su comedero, él va corriendo a buscar su hueso de goma para ponérmelo a los pies. Si encuentra la oportunidad, toma alguna toalla que se esté secando en las cuerdas y la convierte en juguete (léase: hilachas) dentro de su casa... Y eso en el mejor de los casos, por que él prefiere alguna prenda íntima de mi mujer!
Galo es un perro muy telepático, cualidad que le descubrí desde una vez que clavándole mi vista, cual estiletes y con fijeza inparpadeante, lo hice pegar un salto del susto tan grande que se llevó. Me dirán: “¿Telepático?” ...Y les diré que sí. Para muestra les transcribo parcialmente una carta que el muy ladino me dictó haciendo uso de ese medio comunicacional, para que se la enviara a mi hija, su verdadera dueña:
“Querida Mapu: ...Ayer domingo estaba metido felizmente en mi casita de asbesto a eso del medio día, cuando veo que Papi sacó la toalla mía, la esposa de Papi el champú y empezaron a llamarme. Comprenderás que yo no fui, pero cuando la esposa de Papi se me acercó con la manguera en la mano no tuve más alternativa que salir con el rabo entre las piernas y la cabeza gacha hasta el sitio ese (cadalso, que le dicen) que queda entre el grifo de la manguera y el farol donde orino. ¡En fin! No tuve más remedio que dejarme bañar. Por suerte el agua no estaba fría como otras veces y Papi tuvo mucha psicología canina para conmigo cada vez que yo levantaba los cachetes y enseñaba los colmillos.”
¿Notaron que se ha identificado tanto con nosotros que se refiere a mi persona como “Papi”? ¡Igual que el resto de la familia! ...¿Y que a su dueña la llama “Mapu” (Mamá putativa)?
Las mañanas son para él algo muy especial debido a su pasión por el sol. Se tira cuan largo es, a cielo abierto, esperando la llegada del astro rey para disfrutar su calor. Se queda mirando atentamente los aleros con expresión pensativa como preguntándose “¿Hoy caerán, del techo, iguanas?”.
Su temperamento hiperactivo ha hecho que se le someta a un tratamiento con terapia floral de Bach. La brujita que lo estudió con el péndulo para saber que esencias florales utilizar, se quedó sorprendida por las respuestas del objeto radiestésico, ya que el animal manifestaba estados emocionales como cualquier humano: ansiedad, fastidio, inseguridad, angustia, preocupación... todo lo cual ha desembocado en un estado de “estrés” canino que ha hecho se le caiga más pelambre de lo normal... Y aquí está: lamiendo su cucharita con la esencia floral!
Tuve que dejar de pasearlo por la zona. La cadena resistía sus fuertes tirones pero mis riñones no. Ahora, solamente lo dejo pasar al jardín delantero de la casa. Allí llega rebozante de alegría como si nunca hubiese estado. Lo primero que hace es alzar la pata y “marcar” el pino como su propiedad, después se dedica a corretear de un lado a otro, remarcar otros sitios, ladrarle a los perros callejeros y a los peatones que por alguna razón puedan llamar su atención. Últimamente ha entrado en un proceso de obediencia espontánea cuando le digo que ya es tiempo de entrar de nuevo a la casa y volver al patio trasero... ¡Es un alivio!
...Ahora estoy oyendo las noticias mientras Galo está tendido en el patio. Lo miro y me parece que él también las oye... Cuando se percata que lo observo levanta la cabeza y clavándome su ojizarca mirada percibo su contacto telepático retumbando en mi bóveda craneal y me desequilibra con sus palabras: ”¡A ustedes los humanos les falta taaa...nta caninidad...!”
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