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Se fue volando

Por: Jangelort
May 28, 2003

Gaspar se fue volando. ¡Desagradecido! Después de haberlo atendido diariamente por más de dos años, el muy ingrato no dejó ni las plumas y quince días después tuvo el coraje de venir a despedirse con su cara tan lavada... ¡como si tal cosa!

Ah!, ...pero debo especificar: Gaspar es un loro real que trajo mi cuñado de regalo para mi suegra... Y era yo quien tenía que limpiarle la jaula diariamente, lavar el piso que ensuciaba, ponerle el agua y el alimento bien temprano por las mañanas... Todavía recuerdo que me veía de medio lado, fijamente con un solo ojo y con expresión burlona... como si yo fuera su esclavo!

Supongo que no se sentía satisfecho con tener una jaula amplia donde pasar el día comiendo y jugando, por que eso es lo que hacía, salvo al amanecer y al atardecer, cuando armaba un escándalo para responder a la bandada de congéneres suyos que, a esas horas, cruzaba el cielo con su algarabía rumbo a quien sabe donde!

La muy astuta trepadora descubrió la manera de abrir la puerta de su jaula para dar breves paseos por el patio antes de que Galo, el perro, le descubriera y denunciara con sus ladridos. Entonces corría a refugiarse donde el can no alcanzara y allí permanecía dispuesta a picotear cualquier nariz de sabueso que se le aproximara, hasta tanto no llegara yo para el rescate. Tan pronto me veía levantaba una patita en espera de mi mano...

Sería muy injusto para con su animalidad si no reconociera que en muchas oportunidades me hizo reír. Otras tantas disfruté viéndolo en su jaula, con el lomo contra el piso de la misma y una tapa de detergente en cada pata haciendo malabarismos con ellas... o colgado del techo con una sola pata mientras mordisqueaba un trozo de madera o galleta que sostenía con la otra. En algunas oportunidades lo sacaba de la jaula y disfrutaba acariciando la sedosidad de sus plumas o viéndole erizarse cuando le rascaba la cabeza. También colmó mi paciencia al verlo botar el agua que acababa de ponerle...

El loro real tiene fama de ser muy parlanchín y aprender con relativa facilidad, especialmente si se le da pan con leche... y ron. Cuando regresábamos a casa después de algún paseo o diligencia, él desde su jaula nos recibía con un “...Hooolaaaa... jajaja...” y nosotros cortésmente le respondíamos: “Hola, Gaspar”. El continuaba “Hola Gasparrr....Hola Gasparrr...” para dirigirse luego al cánido orejón: “Hola Galo...Hola Galo....jajaja...”

En realidad, Gaspar poseía muy poco léxico pero una gran flexibilidad en la entonación de su voz. Así, de vez en cuando, a la pesada hora con que se inicia la tarde, Gaspar se dedicaba a silbar o a improvisar alguna canción en algún dialecto solo comprendido por él. Hubo momentos en los cuales lanzaba breves e improvisados discursos cargados de emotivas inflexiones vocales haciendo uso de una jerga inentendible, a la cual uno le prestaba la máxima atención posible lleno de admiración! Hasta llegué a pensar que Gaspar era un teólogo, ya que todos le prestábamos atención a su verborrea aunque nadie le entendía!... Siempre nos dejaba algo gratificante de su personalidad, como para que no le olvidásemos. Supongo que pacientemente planificaba su huída.

Una mañana, mientras limpiaba los envases para ponerle su comida, se me quedó la jaula abierta y el muy ladino no lo pensó dos veces pasa salirse y trepar a las ramas del níspero que hay en el patio de casa. Galo me avisó con sus ladridos. En otras oportunidades que esto llegó a pasar pude atraparlo de nuevo pero, ahora, estaba resabiado y... Gaspar se fue volando!


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