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Una hoja tierna de la luna

Por: Jangelort
May 13, 2003

Cuando apareció en esta comunidad “Parábola de la Locura”, el hecho fue producto de una reminiscencia que afloró por una salutación de bienvenida. Nunca imaginé que en los días subsiguientes encontraría una buena cantidad de comentarios en torno a ese poema. Todos, de una u otra forma, expresaban haberse visto reflejados en alguna parte del mismo:

...“Yo tengo una estrella.

La llevo en mi interior, hondo, tan hondo,

que acaso nunca llegareis a verla.

¡Como la siento arder!...”

...Lo cierto es que después de la aparición de los versos de Antonio Spinetti Dini, la fraternal Moon Dance me envió “A los que me llaman loca” y hacía la acotación de que “cuando lo dicta la Energía Vital no hay quien se resista” ...Y no le ha faltado razón. Hasta pasados algunos días del clímax del éxtasis poemario estuve leyendo notas. Inclusive, se me solicitó remitiera a una que otra dirección personal la pieza en cuestión, puesto que no la habían recibido. La manifestación del Dictamen Supremo fue inevitable!

He percibido que desde la aparición de “Parábola de la Locura” en la mensajería de nuestra comunidad, la mayoría de los participantes descubrimos tener más tejas rotas o rodadas de las que creíamos... y hasta goteras que son casi un tragaluz. La locura a afectado a tantos, que casi llegó a convertirse en epidemia, cuyo caso más patético ha sido el de un popular personaje que cayendo enfermo de tal... o cual, tuvo que ausentarse por unos cuantos días dejando casi acéfala a la comunidad; y no menos lunático he sido yo cuando confundí las palabras de un verso de Jaime Sabines con una hierba mágica y solicité su nombre científico.

Si Jaime Sabines hubiera tenido el presentimiento de que su obra “La Luna” sería una gota en la copa que se rebosaría sobre nuestra mesa comunitaria, tal vez lo hubiera prevenido con algún verso. Pero todo poeta es víctima y victimario: La inspiración del juglar fue solicitada por unos cuantos.

Nuestras abuelas advertían que jamás debíamos dormir bajo la luz de la luna llena por que alteraba los pensamientos y se debían evitar sus peligrosos influjos.

...Pero la locura llegó volando... sin escoba... por el ciber espacio... concentrada en la pálida luz del monitor. Cuando el escrito de Sabines fue dado a conocer a la comunidad, yo lo bebí como si acabara de atravesar algún yermo y fue igual a si hubiera pernoctado en él recibiendo los efluvios del plenilunio. “La Luna” llegó redonda, grávida de sus emanaciones literarias y supe que...

“La luna se puede tomar a cucharadas

o como una cápsula cada dos horas...

...Pon una hoja tierna de la luna

debajo de tu almohada

y mirarás lo que quieras ver.”

Estuve entregado en cuerpo, mente y alma al disfrute de aquellos versos enajenantes leídos y releídos... y entonces fue cuando la luna me “pegó” e hizo brotar de mi cogote estos primeros vericuetos:

“Hay veces que los pensamientos se hilvanan de manera tan estrecha e ineludible, que llego a concluir que no hay nada independiente, que las ideas fluyen de una misma fuente universal y es en su manifestación cuando empiezan a diferenciarse”

Más claro no podía estar... y cayendo la última gota que rebozó la copa comunitaria (este cáliz cibernético de donde cada uno de nosotros liba a su manera y antojo), volé en mi delirio hasta el regazo seductor de Polimnia e interrumpiéndola en su meditativo numen, pedile para mí algo de su gracia... y diome:

Lunada


La luna me sirve para todo:
Para esconderla entre nubes y reírme a carcajadas
al cazar una rana y guardarla en el bolsillo;
para asustar la cordura mostrándole un colmillo
cabalgando en el aullido de algún lobo.

La luna me sirve para todo:
Para alumbrar a las hadas cuando danzan por la noche
montando alegremente en mi escoba de carrizo;
para buscar el poder salmodiando algún hechizo
evitando que la voz cante cual loro...!

La luna me sirve para todo:
Para bañarme con su luz y ser un buen orate
que al estar en un círculo, al desnudo,
por saber como atar y soltar nudos
se encompincha con los duendes codo a codo.

La luna me sirve para todo:
Para hacerme una escalera con que subir al cielo
y adorar a mi Señora en sus fases luminosas
susurrándole al oído sabe Ella cuantas cosas
que entre nosotros quedan solo!

La luna me sirve para todo:
Y ella me basta en mis crisis de locura cristalina
pues su cara reflejada en el fondo del caldero
me habla siempre de las cosas que yo quiero
y así cuido que no caigan en el lodo.



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