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Ese Banquito
Por: JangelortMay 11, 2004
Ese Banquito...
Por Jangelort@yahoo.com
-¡Chusma!... ¡Éso es esa bruja! ...¡Chusma! Como le dicen a Ron Damón antes del empujón!... ¡Chusma: Prrrr...! No tiene por qué mentar a mi progenitora y mucho menos en tono de burla...
Desde su alto apostadero Lechuza ve a Jangelort caminando de un lado a otro de su gabinete y lo escucha vociferar mientras nerviosamente limpia los cristales de sus anteojos por enésima vez. Los grandes ojos amarillentos de la rapaz parpadean de sorpresa. Nunca antes había visto al viejo mago en tal estado de irritación. Extendiendo sus alas se deja caer de su mirador y desciende en suave y silencioso planeo hasta el escritorio donde Jangelort poco antes ha dado algunos puñetazos.
-Comprendo que la diabetes te dañe paulatinamente el hígado y que eso haga que te pongas cada vez más furibundo, inclusive hacia Yagel que siempre anda con alguna broma de las suyas -decía Lechuza consternada, como sospechando que esta vez ella debía ser intermediaria-, pero ten en cuenta algunas cosas: Yagel es una operaria y tú te pusiste majadero cuando ella cumplía simple y llanamente con su obligación de trabajo... Aunque reconozco que alguna mala arte pudo haber usado previamente para que te pusieras insoportable y no darle la información que te pedía.
El avechucho dilata sus grandes pupilas cuando el mago se le acerca apuntándole con el dedo índice que sacude frente al pico del animal y le dice:
-En este momento no estoy para oír sermones ni razones...
-...Pero razonablemente debes aceptar que soy yo quien la mayoría de los veces te saco la pata del barro...
-...o quien me mete de cuerpo entero en él...
-...por tal motivo, mi querido señor, debe tomarse las cosas con calma, respirar profundo, contar hasta diez y poner en práctica mi consejo: No haga nada por ahora... Dale tiempo al tiempo... Deje que las horas transcurran serenas... Infórmese de lo que haya pasado por acá... Y luego, con la mente serena, vuelva a hablar con Yagel.
-Sabes una cosa Lechuza –dice Jangelort sosteniéndole el pico entre sus dedos y sacudiéndole la cabeza-: Si hay algo que me desagrada horriblemente es oírte hablar y tener que darte la razón.
-No debes olvidar, mi viejo, que Yagel parece que estuvo hibernando desde finales del año pasado, puesto que no se le sintió durante todos estos meses.
-...Y eso es lo que me preocupa: que esté volviendo a sus andadas!
La tarde se despereza y el calor incrementa su intensidad cuando el techo de grises nubarrones amenaza con una lluvia que no se atreve a caer. Lechuza, en su apostader, abre sus ojos y ve que el mago está sentado frente a su escritorio interpretando las oscilaciones del péndulo que cuelga de su mano. Erizando todas sus plumas la somnolienta rapaz termina sacudiéndose y el tenue sonido que hace con las alas llama la atención de Jangelort.
-No puedo dejar de reconocer que tenías razón en tus consejos, Lechuza. Me siento mejor y ya me enteré de varias cosas con esta herramienta.
-Me alegra que me des la razón, viejo y sabio mago amigo -responde el ave estirando una pata y un ala para desperezarse-. ¿Qué harás ahora?
-Volveré a hablar con “Banco en Casa” del banco ese –señala el viejo mientras marca los números de la entidad financiera en cuestión-... Ya está repicando, Lechuza.
-Buenas tardes. Gracias por llamar a “Banco en Casa” del banco TuMami. Le habla Yagel. ¿Cómo le ayudo?
-Con usted quería hablar. Soy el cliente Jangelort.
-...¡Ahhh...! ...Esteee... Bien... ¿En que puedo serle útil?
-Se trata de que como ya acontecieron cosas esta mañana y no es mi intención denunciarlo ante la gerencia de esa institución para que no vaya a perder su empleo, solamente deseo que haga una transferencia de todo mi capital depositado allí a la cuenta No. 5555-23460700-2 de Magia Bancaria Internacional.
-Señor Ortega: no veo la razón para cancelar su cuenta. Usted es uno de nuestros más consecuentes, importantes y seguros clientes y siempre hemos tenido una muy buenas relaciones y disposición para con usted...
-Sucede jovencita, que no es por mí. Es por mi progenitora y la forma burlona y despectiva con que cerró usted nuestra conversación matinal.
-Señor Jangelort: aquello fue un “lapsus lingüe” temperamental e involuntario que no debería revestir mayor importancia.
-Para su debido conocimiento, pedazo de bruja, mi difunta madre fue una mujer muy querida, respetada y admirada en todas las aulas de las poblaciones donde puso en práctica su vocación de docente. Tan admirada y respetada fue, que muchos reconocimientos obtuvo y hasta existe un plantel escolar que se enorgullece de llevar su nombre...
-...Créame que lamento todo lo ocurrido y reconozco mi error, pero estoy seguro que esta situación podrá solucionarse de otra manera...
-...Mmmm....!
-¿Me decía, señor...?
-...Decía que ese Banquito en Casa de TuMami para lo único que sirve es para aposentar el culo.
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